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Efesios 2:8-9
📖 Palabra del Día

"Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; No por obras, para que nadie se glore."

— Efesios 2:8-9

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📜 Meditación del Día

Frecuentemente creemos que podemos ganar el amor de Dios mediante nuestros esfuerzos y logros. Pero el apóstol Pablo nos dice claramente que nuestra salvación proviene enteramente de la gracia de Dios. A través de la fe en Su gracia, nosotros que estábamos espiritualmente muertos por el pecado somos llamados a nueva vida. Esto no es resultado de nuestra justicia ni de nuestras buenas obras, sino puramente de la voluntad perfecta y la compasión de Dios.

Profundamente en nuestros corazones vive la creencia de que podemos salvarnos a nosotros mismos mediante nuestras acciones. Fácilmente nos convencemos de que solo orando más, sirviendo más y viviendo moralmente podemos ganar la aprobación de Dios. Pero la gracia de Dios es un regalo ya dado, independientemente de nuestros esfuerzos. Incluso nuestras mejores obras quedan cortas ante la perfección de Dios.

El consuelo que esta verdad nos trae es profundo. No necesitamos desesperar ante nuestras insuficiencias. Cuando fracasamos y caemos, no necesitamos condenarnos a nosotros mismos. Porque nuestra salvación no depende de nuestras obras. Dios nos amó cuando aún éramos pecadores, envió a Jesús por nosotros, y a través de Su gracia nos ha llamado a nueva vida.

¿Cómo debemos vivir dentro de esta gracia? Recibir gracia no significa que no tenemos responsabilidad. Al contrario, quienes comprenden profundamente la gracia son movidos a amar y servir a Dios aún más. Nuestras buenas obras y dedicación ya no son medios para ganar salvación, sino expresiones de gratitud y respuesta a la gracia recibida. La gracia de Dios nos libera, y en esa libertad, le servimos con verdadera alegría.

🙏 Oración del Día

Amado Dios, le agradecemos esta mañana por despertarnos nuevamente a través de Tu gracia infinita. Frecuentemente nos engañamos pensando que podemos salvarnos a nosotros mismos con nuestro propio esfuerzo, y sufrimos por nuestra insuficiencia. Pero Tú nos amaste primero cuando no podíamos hacer nada, y nos diste a Jesús. Ante esta gran gracia, inclinamos nuestras cabezas en alabanza. Ayúdanos a recordar esta gracia durante este día, y con corazones de gratitud, permítenos amar y servir a quienes nos rodean. Oramos en el nombre de Jesús. Amén.

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