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📖 Palabra del Día

"Y yendo a Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea. Y entrando en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon de lejos; Y levantaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros. Y viéndolos, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo, quedaron limpios. Y uno de ellos, viendo que era sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, Y se postró sobre el rostro a sus pies, dándole gracias; y éste era Samaritano. Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviese a dar gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado."

— Lucas 17:11-19

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📜 Meditación del Día

Cuando Jesús iba hacia Jerusalén, diez hombres enfermos de lepra le salieron al encuentro. Su enfermedad los había apartado de la sociedad, del templo, de sus familias. Estaban marginados, sufrientes, desesperados. Desde la distancia, levantaron sus voces clamando: "¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!" Aquél era su último rayo de esperanza.

La respuesta de Jesús fue sorprendente: "Id, mostraos a los sacerdotes." Ellos no esperaron a ser sanados; en la obediencia, mientras caminaban, la sanidad les fue concedida. Pero aquí viene lo más asombroso: aunque diez fueron limpios de su enfermedad, solo uno regresó.

Ese uno era un samaritano, un extranjero despreciado por los judíos. Mientras sus compañeros nueve seguían su camino, emborrachados de alegría por su liberación, él volvió. Con una voz fuerte glorificó a Dios, se postró ante los pies de Jesús y le dio gracias. Fue el único que reconoció de quién venía su bendición.

Jesús, con su pregunta penetrante, toca nuestro corazón: "¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?" No es una pregunta de matemática, sino del alma. Nosotros también recibimos constantemente las bendiciones de Dios—salud, familia, trabajo, la salvación en Cristo—y con cuánta facilidad las damos por sentadas. El samaritano entendió algo que los nueve olvidaron: que la gratitud es el reconocimiento de que todo viene de la mano de Dios.

Jesús le dijo: "Tu fe te ha salvado." Su gratitud no fue un acto superficial, sino la evidencia de una fe viva que reconocía a Dios como su Señor. Un corazón agradecido no solo eleva el espíritu; transforma el alma.

🙏 Oración del Día

Padre celestial, vengo ante Ti con un corazón que desea aprender la lección de la gratitud. Me has bendecido más de lo que podría contar: la vida, la salud, el amor de los míos, y sobre todo, la salvación en Jesús. Sin embargo, cuán fácil es que olvide darte gracias por estas bendiciones, como si fueran derechos míos y no regalos de Tu gracia infinita. Abre mis ojos para ver los milagros que se esconden en mis misericordias diarias. Damme un corazón como el del samaritano, que no dudó en regresar para glorificarte con voz fuerte. Que la gratitud sea el aliento de mi alma y el fundamento de mi fe. Que mi acción de gracias constante sea un testimonio de Tu bondad y un acercamiento más profundo a Ti. En el nombre de Jesús, amén.

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