"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos; de donde también estamos esperando al Salvador, al Señor Jesucristo; El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, en conformidad al cuerpo de su gloria, por el poder con el cual puede también sujetarse todas las cosas."
-- Filipenses 3:20-21
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La resurrección no es solo un acontecimiento espiritual. Pablo nos dice que nuestro "cuerpo humillado" será transformado para ser como el "cuerpo de gloria" de Cristo. La debilidad física, el envejecimiento y la enfermedad que experimentamos hoy no son nuestro destino final. La promesa de resurrección incluye nuestros cuerpos. Por lo tanto, esta esperanza es profundamente física y muy concreta.
Filipo era una colonia romana. Sus habitantes sabían lo que significaba la ciudadanía romana en sus mismos cuerpos—era privilegio, identidad y protección. Pablo usa esta metáfora. Nosotros tenemos una ciudadanía aún más elevada, dice. Así como ellos esperaban al emperador romano, nosotros esperamos a Jesús que viene del cielo.
La espera no es pasiva. Es vivir en esta tierra con nuestra ciudadanía en el cielo. Porque sabemos que nuestros cuerpos serán transformados, podemos soportar el sufrimiento de hoy. Porque sabemos a dónde verdaderamente pertenecemos, no somos fácilmente arrastrados por las corrientes del mundo. La fe en la resurrección determina cómo vivimos en esta tierra.
🙏 Oración del Día
Señor, ayúdame a recordar que mi ciudadanía está en el cielo. Mientras espero el día en que mi cuerpo será transformado como el tuyo glorioso, concédeme esperanza para mañana. No permitas que pierda mi identidad como ciudadano del cielo, aunque viva en este mundo. Oro en el nombre de Jesús. Amén.