"Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, o que vivamos, o que muramos, del Señor somos."
— Romanos 14:8
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¿Para quién estamos viviendo? Muchas personas en el mundo persiguen sus propios sueños, éxito, fama y riqueza. Pero el Apóstol Pablo nos muestra claramente quién es el verdadero dueño de nuestras vidas. Si creemos en Jesús y lo seguimos, nuestras vidas ya no nos pertenecen—pertenecen al Señor.
Vivir para el Señor no significa abandonar todos nuestros planes. Más bien, significa que todo lo que hacemos, cada decisión que tomamos y cada acción que realizamos debe ser hecho para honrar y agradar al Señor. Ya sea en el trabajo, en el hogar, o en los pequeños momentos de la vida cotidiana, podemos vivir para el Señor.
Muchos cristianos intentan separar su fe de sus vidas diarias. Piensan que son fieles en la iglesia pero viven de manera mundana en el trabajo. Sin embargo, la fe verdadera significa dedicar cada momento de nuestras vidas al Señor. La dirección y el significado de nuestras vidas cambian completamente dependiendo de para quién vivimos.
Pertenecer al Señor es verdadera libertad y alegría. El mundo nos dice que busquemos libertad, pero la verdadera libertad no se encuentra siguiendo nuestros deseos—viene cuando nos dedicamos completamente al Señor. Cuando vivimos para el Señor, ya no somos esclavos del pecado, y no podemos ser sacudidos por las tentaciones del mundo. El Señor valora nuestras vidas, nos ama, y proveerá para todas nuestras necesidades.
🙏 Oración del Día
Padre Dios, te damos gracias por hacernos tus hijos. Reflexionamos sobre nuestras vidas. ¿Cuántas veces hemos vivido según nuestros propios deseos y los estándares del mundo? Ha habido muchos momentos en los que no hemos vivido para ti y hemos rechazado tu voluntad. Perdónanos, Señor. Desde hoy, dedicamos nuestras vidas completamente a ti. Que todo lo que hacemos y descansamos, cada palabra y acción, cada pensamiento y sentimiento, sea para ti. Permítenos experimentar la alegría y la paz que vienen de vivir para ti. Tú eres nuestro Señor, y nosotros somos tuyos. En esta verdad, permítenos experimentar verdadera libertad y vivir siendo testimonio de ti. Oramos en tu nombre. Amén.