"Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive."
— Romanos 6:8-10
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En la mañana de Pascua, no simplemente conmemoramos un evento histórico del pasado. La resurrección de Jesús no es solamente un acontecimiento en la historia, sino un poder viviente presente que transforma fundamentalmente nuestra fe. Este hecho extraordinario de que Cristo resucitó de los muertos proclama que hemos sido completamente liberados del dominio del pecado y la muerte.
Morir con Cristo significa la muerte de nuestro antiguo yo, la liberación de las cadenas del pecado y del pasado. Pero esa muerte no es el fin; resucitar con Cristo significa levantarse como un nuevo ser, renacido a la vida eterna. Cuando se dice que Cristo no muere más, se refiere a la eternidad de Su resurrección—y nuestra resurrección también es una invitación a la vida eterna con Él.
Jesús murió al pecado una vez—una expiación perfecta y completa. Esto prueba que ya no necesitamos vivir como esclavos del pecado. Así como Cristo vive para Dios, también somos llamados a vivir para Dios. Este es el verdadero significado de la resurrección y la dirección de nuestra nueva vida.
🙏 Oración del Día
Padre eterno, en esta mañana de Pascua te damos gracias por llamarnos a la resurrección de Cristo. Abrazamos la gracia por la cual nuestra vida antigua del pecado ha muerto, y a través del poder de resurrección de Jesús, somos vivificados de nuevo. Que nuestros corazones estén siempre llenos del gozo y la esperanza de la resurrección, y concédenos vivir como testigos de ese poder en este mundo. En el nombre de Jesucristo, oramos. Amén.
Comienza mañana con la Palabra